miércoles, 30 de diciembre de 2015

EL DESAYUNO DE LOS CAMPEONES DE KURT VONNEGUT





"Parece como si, hoy en día, la única clase de trabajo que pudiera conseguir un americano fuera suicidarse de algún modo".


Esta frase no sólo concierne a la mayoría de los americanos. La frase famoso de Vonnegut que dice "adiós lunes deprimente/goodbye blue monday", es la cruda realidad para muchos trabajadores de este mundo. ¿Quién no ha sentido odio por su trabajo o un alto grado de nerviosismo al no poder conciliar el sueño cuando se ha acabado el fin de semana?

viernes, 20 de noviembre de 2015

FORMAS DE VOLVER A CASA DE ALEJANDRO ZAMBRA

Reflexiones sobre la literatura, sobre el oficio de escribir y sobre el papel de sentirse escritor. Estos pensamientos se ponen en boca del narrador, que a modo de diario nos cuenta una historia basada en los recuerdos. Un terremoto es la excusa o el desencadenante que agita su memoria y que da pie para escribir un relato basado en una parte de su vida.

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla".

Este libro lo he cogido prestado de la biblioteca. Y cada una de las frases que he entresacado estaban también subrayadas por un lector anterior. A parte de analizar lo correcto de su actitud, he sentido que esa persona dejaba su rastro llevado por un arrebato. No lo conozco, pero creo intuir que sus inquietudes y sus pesadillas son las mismas que las que a mí me persiguen. 

"Al escribir nos comportamos como hijos únicos. Como si hubiéramos estado solos siempre. A veces odio esta historia, este oficio del que ya no puedo salir. Del que ya no voy a salir". 

Me lo imagino escribiendo un texto similar al mío. Un relato que le sirve como válvula de escape y que canaliza sus inquietudes creativas. Él o ella, porque el arte no conoce de géneros, se siente atraído también por el proceso creativo, por eso que llanamente se denomina el oficio de escritor. Un oficio en donde la curiosidad sirve de excusa para que la imaginación fluya.

"Pienso en este oficio extraño, humilde y altivo, necesario e insuficiente: pasarse la vida mirando, escribiendo".

miércoles, 23 de septiembre de 2015

EL LEOPARTDO DE LAS NIEVES DE PETER MATTHIESSEN

Los grandes viajes suponen una transformación en la vida del viajero. Tanto en la ficción como en la vida real, las experiencias que resultan más extrañas y novedosas se cuelan sin contemplación en toda alma que se precie aventurera. No creo que exagere mucho. De tal manera afectan a los protagonistas esas pequeñas aventuras, que ya todo deja de ser igual. ¿Por qué? Porque ya se cuenta con una historia digna de contar. 
 
Si tengo que atenerme a mi corta experiencia, cada vez que visito algún país cambia mi apreciación y punto de vista de la vida, aunque sea durante un corto periodo de tiempo, aunque sea en el clásico periodo vacacional de agosto. La intensidad de lo vivido hace que llegue a cuestionarme cosas que en apariencia son importantes, pero que vistos desde una óptica diferente pasan a ser triviales e insignificantes. Ya sé que a muchos os pasa algo similar. En el fondo, lo que cualquier persona necesita es luchar contra la rutina que embota sus sentidos. Aunque parezca que hemos perdido la capacidad de asombro, cualidad que caracteriza a los niños desde su más tierna infancia, ésta permanece solamente dormida esperando cualquier oportunidad para "salir del armario" y mostrarse sin tapujos. Viajando nos volvemos unos niños con una capacidad para impresionarnos que nunca sospecharíamos. 
 
No obstante, todavía hay lugares en el mundo que dejan al viajero totalmente descolocado. Son espacios en los que es fácil sentirse fuera de lugar. No sé si es la intensidad del silencio que envuelve esos paisajes, o la comparación de sus dimensiones con aquellos horizontes que nos son más cercanos. Lo que sí es cierto es que hay algo salvaje en su naturaleza, brutal en su ambiente y primigenio en sus formas, que sobrepasa con creces el límite de lo humano. Son los menos, pero haberlos, haylos. 
 
Todo esto viene a cuento por el libro que me acabo de leer, "El leopardo de las nieves" de Peter Matthiessen. La obra discurre en una zona inhóspita del Tíbet en donde los protagonistas de esta historia real van en busca del bharal o cordero azul, una especie en vías de extinción. El viaje está plagado de anécdotas, de situaciones extremas que ponen a prueba la voluntad de la pareja protagonista. El clima marca el paisaje y la forma de ser de sus moradores, gente que a pesar de todo se ha adaptado a esas duras condiciones de vida. No me extraña que el autor del libro haga este comentario que a continuación entresaco:

"La intensidad del silencio en este sitio es un aviso de que los seres humanos están fuera de lugar".

martes, 21 de julio de 2015

ESTO NO ES UNA NOVELA DE DAVID MARKSON


Esto no es una novela ni pretende serlo. Los personajes del libro son célebres, no son sólo escritores, muchos son artistas, pero todos están muertos. Y el autor del libro también es una persona mayor. El libro está escrito al final de su carrera, al final de su vida. Y por eso hay mucha amargura, aunque también bastante ironía, sobre todo cuando lees las sentencias de esa gente célebre respecto a sus compañeros de profesión. Sí, los personajes son célebres, y aunque endiosados en muchos casos, también son muy humanos; con sus defectos, con sus miserias, con sus puntos de vista generados por ese gran ego que trasciende en cada uno de sus actos. 

Ya he comentado antes que muchos son artistas, famosos artistas. No como David Markson, que nunca ha sido un escritor popular. Lo suyo es la introspección, los aforismos y la no ficción. Una mezcla que no resulta agradable para muchos lectores, aficionados a las típicas historias con presentación, nudo y desenlace. Esa es la razón, por la que "Esto no es una novela" resulta tan inclasificable, igual que su propio autor, el que narra, el que anota ideas de otros para su uso posterior. 

martes, 23 de junio de 2015

GUERRA Y GUERRA DE LASZLO KRASZNAHORKAI

Korin, el protagonista de este libro, habla y habla, y Laszlo Krasznahorkai, el autor del mismo, escribe y escribe un largo monólogo que deja sin respiración al lector. Las frases se suceden casi sin interrupción, como si sólo fueran incoherentes pensamientos que nacen en la cabeza del protagonista, o más bien, en la cabeza del propio escritor. A veces, no sé si el que habla es el protagonista en su mundo de ficción o es el propio escritor el que explica su proceso narrativo:

"A veces me gusta mucho detenerme y dejarlo todo así sin más, dijo una vez Korin en la cocina, tras lo cual guardó silencio y permaneció mirando el suelo durante unos minutos, pero después alzó la cabeza y añadió con suma parsimonia: Porque se ha interrumpido dentro de mí y me canso".

Otras veces, soy yo mismo el que oye voces. Ya no sé si las oigo dentro de mi propia cabeza mientras busco el camino perdido de esta narración, o es que me he metido tanto en la piel del personaje que hago míos todos sus pensamientos, por locos y disparatados que sean. Al fin y al cabo, yo también me dejo arrastrar por la belleza de esta historia, hasta perder el norte si hace falta buscando el centro del mundo.

No creo que esta breve reseña/comentario/impresión o como se la quiera llamar, deba pasar a la posteridad por méritos propios, no obstante, queda colgada en internet para todo aquel que navegue sin rumbo fijo, y no le importe perder unos minutos en su lectura. Espero y deseo que estas pocas líneas sirvan de motivación para leer lo que realmente importa: Guerra y Guerra de Laszlo Krasznahorkai.

domingo, 7 de junio de 2015

CARTAS DE JOSEPH ROTH




"Escribo cada día sólo para perderme en destinos inventados".

"Sólo conozco el mundo, creo yo, cuando escribo, y cuando dejo la pluma estoy perdido".

Leo las cartas de Joseph Roth, muchas de las cuales fueron dirigidas a su gran amigo, el escritor Stefan Zweig, y se me queda grabada una imagen, la de un hombre al servicio de la escritura. Todas sus penurias económicas y familiares no son más que males que limitan su capacidad para trabajar y merman su concentración en aquello que más le importa: escribir, escribir, escribir...

"¡Qué gran logro si pudiera uno concentrar toda su fuerza en el trabajo y no derrocharla en cien estupideces! Siempre creo que sólo el hombre puramente egoísta es capaz de explotar la total medida de su talento".

Y muchas de sus preocupaciones giran sobre el mismo problema: el tiempo que el escritor necesita para desarrollar su proceso creativo. Aunque éste, es un problema que incluso su mejor amigo Zweig, también no deja de darle vueltas Es como si estos escritores vivieran en un mundo diferente, que sólo se vale del mundo real para entresacar las historias que narran en su mundo de ficción.

"No se preocupe por la bebida. Más que arruinarme, me conserva. Quiero decir que el alcohol, sí acorta la vida, pero impide la muerte inmediata. Y para mí no se trata de alargar la vida, sino de impedir la muerte inmediata". 

No me extraña que en muchas ocasiones, ese camino resulte tan duro de transitar, tan solitario que sea fácil desorientarse, y tan empinado que se sienta el vértigo de las alturas desde esa nube en la que viven muchos escritores. Y ese vértigo, lo sobrellevó Joseph Roth trasegando litros y litros de alcohol a lo largo de su vida. Una vida que no piensa en el futuro, que intenta sobrellevar el presente con el único ánimo de escribir y escribir.

martes, 19 de mayo de 2015

Mendel el de los libros de Stefan Zweig


Concentración frente a la dispersión que caracteriza nuestro tiempo. Memoria frente al olvido que provoca la falta de responsabilidad de nuestros actos. Sencillez frente a las falsas apariencias y el "postureo" como imagen que pretendemos ofrecer de cara al exterior. Todo eso es "Mendel el de los libros", un libro ligero de peso pero cargado de enseñanzas.



"Le dí afectuoso la mano. "Quédeselo tranquila. A nuestro viejo amigo Mendel le habría encantado que al menos una entre los muchos miles de personas que le deben un libro aún se acuerde de él". Después me marché y sentí vergüenza frente a aquella anciana y buena señora que, de una manera ingenua y sin embargo verdaderamente humana, había sido fiel a la memoria del difunto. Pues ella, aquella mujer sin estudios, al menos había conservado el libro para acordarse mejor de él. Yo, en cambio, me había olvidado de Mendel el de los libros durante años. Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido".