martes, 16 de octubre de 2012
DESIERTO DEL NAMIB
Nuestro destino vacacional este mes de agosto ha vuelto a ser África, en concreto hemos viajado por buena parte de Namibia, y en menor medida, por otros dos países del sur de África como son Botswana y Zimbabwe. Un viaje que nos ha impresionado por su variedad paisajística y por la calidad del grupo humano que formamos todos los que nos montamos un día a mediados de agosto en el camión de Kananga (agencia especializada en viajes por África). Volamos hasta Windhoek, vía Londres-Johanesburgo, cruzando casi todo el continente africano de norte a sur. A poco de transitar por sus calles, la capital de Namibia nos sorprende por su modernidad, por su incuestionable influencia alemana y holandesa. Se nota que hasta el año 1990 Namibia no consiguió su independencia. Si tenemos en cuenta que lo más importante que hay que reseñar de Windhoek son las vistas de la ciudad desde la terraza de un hotel de lujo, pues todo queda dicho. En defensa de Windhoek hay que decir que la mayoría de ciudades africanas carecen de interés en comparación con el paisaje y su fauna, o los poblados con sus mercados bulliciosos. Pasemos página y montemos en el camión que nos va a llevar hasta un destino que sí parece mucho más interesante. Llueve en Namibia. Laura, nuestra guía, no se lo puede creer, pero parece que estamos sufriendo los últimos coletazos de un frente frío que ha dejado hace un semana una pequeña nevada en Sudáfrica. Creo que ya todos sabéis que esta parte de África se encuentra en el hemisferio sur, con lo que aquí es invierno. Ya nos han avisado amigos que han viajado por Namibia en otras ocasiones que en el mes de julio hace bastante frío en este país, pero es que estamos a mediados de agosto y ¡joder con el tiempo que estamos soportando! El camión se va comiendo poco a poco los kilómetros por rectas carreteras que parecen no tener fin. Es una manera poética de hablar, porque nuestra meta del día está fijada en el desierto del Namib, en un camping cercano en donde montamos por primera vez nuestras tiendas de campaña y en donde también esperamos con ansiedad subirnos en la avioneta que nos permitirá sobrevolar este inmenso desierto de dunas rojas. Y que os puedo contar de esta experiencia que otros no hayan narrado anteriormente. Pues que hay que vivirla en primera persona; que te sientes más pequeño si cabe al volar por encima de la inmensidad del desierto; que al atardecer el contraste del rojo intenso de las dunas con el cielo azulado te deja boquiabierto y sin palabras. Una vez puestos los pies en el suelo, toca cenar y pasar la noche más fría de mi vida. A mitad de la noche tuve que salirme del saco para ponerme el forro polar, y ni con esas entraba en calor. Tiritaba y tiritaba, y no veía el momento en que se hiciera de día para desayunarme un café calentito con el que templar mi cuerpo. Toca madrugar para estar lo antes posible en la famosa duna 45 del desierto del Namib. Todavía adormecidos emprendemos a la carrera la empinada subida hasta la cima de la duna con el único objetivo de conseguir ser de los primeros en llegar para contemplar desde un lugar privilegiado la salida del sol. Como son casi ciento cincuenta metros de desnivel que se ascienden por una estrecha cresta que impide los adelantamientos, lo único que consigo es un meritorio décimo puesto, que eso sí, me otorga unas preciosas vistas de ese sol que poco a poco nos tiñe con su luz de tonos rojizos. No hay que ser un experto fotógrafo porque hasta con la cámara más sencilla se consigue sacar una fotos estupendas. Según van pasando los minutos la luz va cambiando a tonos cada vez más claros y el horizonte parece extenderse más allá de donde abarca nuestra vista. Desde nuestra atalaya contemplamos la base de la duna como si ejerciera una fuerza gravitatoria imposible de superar, por eso nos lanzamos gritando por la pendiente hundiendo los pies hasta más allá de los tobillos y rodamos algún tramo haciendo la popular "croqueta". Después de tantas emociones nos hemos ganado un buen desayuno a pie de duna. Tras reponer fuerzas, un breve desplazamiento en todo-terreno y luego a pié nos conduce hasta Deadvlei, en donde contemplamos otro paisaje muy característico del desierto del Namib. En medio de este valle salado se alzan los troncos quemados y retorcidos de varias acacias. El contraste de sus troncos carbonizados con el color naranja de las dunas y el blanco del suelo salado deja boquiabierto cualquiera. Para sacar fotos, de vez en cuando hay que espantar a alguna señora que se ha hecho fuerte a la sombra de una acacia, y que está cansada de esperar a que su marido deje de sacar fotos de cada metro cuadrado de Deadvlei. De valle a valle; de Deadvlei a Sossusvlei para contemplar un lago con el agua suficiente como para que un par de flamencos hundan su pico en busca de comida. De esta forma nos despedimos de los paisajes desérticos del Namib. Hemos tenido la posibilidad de contemplar sus dunas planeando con la avioneta mientras surcábamos un cielo azulado, o montados en nuestra casa-camión en alegre camaradería, o a "pata", sintiendo cómo se filtra la fina arena por nuestro calzado mientras caminamos por este inmenso paisaje; lo hemos vivido soportando el frío de la noche y el impenitente sol del mediodía; lo hemos disfrutado observando el amanecer desde lo alto de una gran duna o al calor de una hoguera en una noche de grata conversación en grupo. El sueño nos conduce a nuestras tiendas, y soñamos ya con los nuevos paisajes que nos faltan por descubrir en este viaje.
jueves, 27 de septiembre de 2012
EL LAMENTO DE PORTNOY
Un largo monólogo como desahogo por la rabia contenida durante 33 años de vida. En sus más de trescientas cincuenta páginas, salen por boca del protagonista sapos y culebras contra su propia familia, la educación recibida, la religión judía, la represión sexual, etc, etc, etc. El autor nos cuenta que Alexander Portnoy, nuestro protagonista, es ahora un hombre respetable, con un trabajo público muy respetable, pero no es oro todo lo que reluce, porque la "mierda" acumulada en el interior de su alma le sale a borbotones entre espasmos de dolor y angustia. Él se desahoga frente al psicólogo, y nos los imaginamos tumbado en el típico diván soltando su eterno soliloquio. Pero la voz del psicólogo no aparece hasta la última línea del libro, como si no existiera realmente para Philip Roth. El escritor ha sustituido esa figura por la del propio lector, que pasa a involucrarse totalmente en la historia ejerciendo de psicólogo. Pero también hay entre tanta miseria humana momentos para la risa. Me acuerdo de las descripciones que hace de su padre sentado en el "trono" intentando vencer a su crónico estreñimiento, o cuando su histérica madre se muestra preocupada por lo peligroso que puede resultar para su hijo que viaje en un coche descapotable o que se alimente con la denominada comida basura. Aún y todo, la parte que he leído de la novela que me ha parecido más graciosa es cuando el propio protagonista nos relata sus experiencias masturbatorias, un onanismo que resulta hilarante por lo desproporcionado que parece a primera vista, o no.
viernes, 14 de septiembre de 2012
BONSÁI DE ALEJANDRO ZAMBRA
Lo bueno, si es breve, dos veces bueno. Estamos hablando de un libro de menos de cien páginas, de la primera novela o narración breve que este chileno publicó en su día. Estamos hablando de una pequeña joya, de una obra maestra de la sintetización. Y en mi modesta opinión, el mérito principal es que no falta nada para que pueda considerar que esta obra está a la altura de lo que se denomina "gran literatura". Y por supuesto, no sobra nada de nada. El libro invita a la relectura de cada página, a tratar el texto narrativo como si fuera poesía. ¿Será que cuando se adelgaza una novela hasta tales extremos ésta se convierte en pura poesía? Hay que ser muy bueno en este oficio de juntar palabras para que el resultado final sea tan excelente como en Bonsái. También hay que ser un verdadero poeta para no caer en la cursilería, en la pedantería. No me extiendo más, porque si algo he aprendido de este libro de Alejandro Zambra, es la capacidad de condensación, que es lo que siempre he admirado en los libros que he leído.
jueves, 26 de julio de 2012
QUINTETO DE BUENOS AIRES
Montalbán se hacía mayor y la nostalgia por el paso del tiempo pesaba
sobre los pensamientos del escritor. Era el momento de escribir un nuevo
libro de Carvalho, una historia que mostrara las canas del ya veterano
detective. Lo tenía claro el escritor, debía ser un libro en donde el
protagonista fuera un descreído, un hombre que está de vuelta de todo y
de todos. Y así nació "Quinteto de Buenos Aires", que es una obra
melancólica escrita a ritmo de tango. El pasado se une con el presente y
marca el futuro de la acción narrativa, que en el libro gira en torno a
los desaparecidos. Y, gracias a la maestría de Montalbán, Carvalho se
mete en la piel de los argentinos para bucear entre tanto desaparecido e
intentar sacar a flote la verdadera historia de una niña robada por el
torturador de turno. Hay asesinatos y crueles personajes curtidos en los
sótanos de la dictadura argentina. También hay gente que lucha por
recobrar la normalidad, por continuar viviendo a pesar de tanto pasado
pisoteado de forma tan violenta. Al final, ganan los tipos buenos del
libro a pesar de que el mal siempre encuentra una salida por donde huir y
esperar taimadamente su momento. Estoy seguro que el difunto Montalbán
después de escribir este libro se preparó un buen guiso a modo de
celebración, como esos platos tan elaborados que el escritor nos
describía en sus libros y que eran su marca de fábrica. Una cosa está
clara, Montalbán tenía tan buena mano con la cocina como con la
escritura, ya que nadie se quedaba con hambre después de leer un libro
suyo. Eso sí, la nostalgia con la que el escritor se embarcó en este
proyecto se transmite al lector entre tango y tango (el autor se ha
atrevido incluso a escribir la letra de varios tangos). El tópico
argentino de Maradona, tango y los desaparecidos se cumple también en
este libro. Al parecer, resulta imposible no hablar de estos tres temas
cuando nos referimos a Argentina, y aunque también se tratan otros
tópicos, como el de Borges o los asados, en este libro no sobra casi
nada. Otra cosa son los asados que se organizan en Argentina, que son
valorados más por la carne que sobra que por la que se comen los
invitados. Así son los Argentinos.
miércoles, 11 de julio de 2012
AIRE DE DYLAN
He vuelto a Vila-Matas con la lectura de Aire de Dylan. Bueno, nunca me he
alejado mucho de su benéfica influencia basada en un estilo que destila tanto amor por la literatura que llega incluso a mezclarse en sus ficciones, formando capas y capas superpuestas unas a otras de forma muy personal. Las referencias literarias se mezclan con la vida imaginaria de los protagonistas de sus libros, y aunque hay lectores que puedan despistarse en esa trama que oculta a veces el argumento de la obra, los que seguimos habitualmente a Vila Matas sabemos apreciar esa erudición que claramente no es un artificio decorativo. Y, sin más preámbulos, paso a comentar lo que me ha parecido este libro. Antes de empezar entresaco un comentario que me ha gustado del último artículo de Vila-Matas en El País: La literatura no es más que un pacto entre el lector y el escritor para crear un espacio de imaginación común. Ese pacto se cumple perfectamente en Aire de dylan. El espacio de imaginación creado no es un espacio vacío de contenido, ya que en su obra no se genera ningún devastador agujero negro, como en otras lecturas sin sentido que de vez en cuando se cruzan en el camino del aficionado a la literatura. Gracias a la lectura de Aire de Dylan he tenido la suerte de gravitar en ese espacio sin enterarme de lo que sucedía en el resto del mundo, aislado de la realidad, sumergido en la ficción que es al fin y al cabo otra realidad distinta a la ya habitual. Ya sé que sólo hablo de sensaciones, que todavía no he comentado ni de qué va este nuevo libro de Vila-Matas. Pero para eso están los demás blogueros especializados en reseñas literarias y los eruditos críticos literarios que escriben su opiniones en los suplementos de cultura. No sé si será que ya no valgo para destripar textos con la frialdad que se le supone a ese cometido; no sé si será que me he vuelto muy sensible, pero en esta entrada sólo he hablado de sensaciones comunes; o eso espero.
alejado mucho de su benéfica influencia basada en un estilo que destila tanto amor por la literatura que llega incluso a mezclarse en sus ficciones, formando capas y capas superpuestas unas a otras de forma muy personal. Las referencias literarias se mezclan con la vida imaginaria de los protagonistas de sus libros, y aunque hay lectores que puedan despistarse en esa trama que oculta a veces el argumento de la obra, los que seguimos habitualmente a Vila Matas sabemos apreciar esa erudición que claramente no es un artificio decorativo. Y, sin más preámbulos, paso a comentar lo que me ha parecido este libro. Antes de empezar entresaco un comentario que me ha gustado del último artículo de Vila-Matas en El País: La literatura no es más que un pacto entre el lector y el escritor para crear un espacio de imaginación común. Ese pacto se cumple perfectamente en Aire de dylan. El espacio de imaginación creado no es un espacio vacío de contenido, ya que en su obra no se genera ningún devastador agujero negro, como en otras lecturas sin sentido que de vez en cuando se cruzan en el camino del aficionado a la literatura. Gracias a la lectura de Aire de Dylan he tenido la suerte de gravitar en ese espacio sin enterarme de lo que sucedía en el resto del mundo, aislado de la realidad, sumergido en la ficción que es al fin y al cabo otra realidad distinta a la ya habitual. Ya sé que sólo hablo de sensaciones, que todavía no he comentado ni de qué va este nuevo libro de Vila-Matas. Pero para eso están los demás blogueros especializados en reseñas literarias y los eruditos críticos literarios que escriben su opiniones en los suplementos de cultura. No sé si será que ya no valgo para destripar textos con la frialdad que se le supone a ese cometido; no sé si será que me he vuelto muy sensible, pero en esta entrada sólo he hablado de sensaciones comunes; o eso espero.
miércoles, 20 de junio de 2012
LA HUMILLACIÓN DE PHILIP ROTH
He leído con verdadero entusiasmo "La humillación" de Philip Roth. Anteriormente ya había leído otra obra suya titulada "Pastoral americana", pero hacía tanto tiempo que ya no me acordaba bien de los detalles de ese libro. Sólo recordaba generalidades, como que me había gustado el estilo del escritor americano y que ésta obra estaba considerada por los expertos como uno de los títulos básicos de la carrera literaria de Roth. La historia de "Humillación" es la historia de un veterano y famoso actor de teatro que un día sufre un bloqueo artístico y su carrera cae en picado. En medio de esa crisis profesional se nos relata también la relación amorosa del veterano actor con una mujer mucho más joven que él, lesbiana por más señas, que acaba trágicamente como uno se puede imaginar si tenemos en cuenta el título de este libro. En poco más de 150 páginas Philip Roth es capaz de contarnos una gran historia basada en las miserias humanas, esas que todos sufrimos en algún momento de nuestras vidas. Como todo el mundo sabe, los toros se ven mejor desde la barrera, por eso es más fácil ver antes los errores de los demás que los propios de cada persona. Sí, es fácil imaginar que la historia de nuestro protagonista no tendrá un final feliz, y como espectadores privilegiados que somos, Roth consigue que los lectores nos identifiquemos con la historia y apoyemos moralmente al veterano actor en sus desgracias. Y en este punto de la historia quisiera apuntar una analogía, no sé si atrevida, con el personaje de Don Quijote de Cervantes. Según se avanza en la lectura del libro se intuye la humillación que sufrirá el veterano actor. Es tan evidente que la relación amorosa que ha iniciado se sustenta tan solo en su imaginación, que no es extraño que los lectores nos sintamos como fieles Sancho Panzas en defensa de nuestro caballero andante. Pero así funciona este mundo, y el que no lo quiera ver es porque va tan ciego por la vida que no se da cuenta de que el infierno está a la vuelta de la esquina.
domingo, 3 de junio de 2012
EL BLOG DEL INQUISIDOR
Hasta hoy no había leído nada de Lorenzo Silva y tenía cierta curiosidad por hacerme con un libro suyo. Lo sigo en twitter y sé que es un escritor con cierto prestigio que no duda en ofrecer sus libros a precios más baratos como contrapartida a la piratería que está asentándose cada vez más en la red. Cada vez hay más gente que piensa que es necesario abaratar los precios de los libros digitales para cambiar los hábitos de aquellas personas que sólo piensan en piratear. La batalla no ha hecho más que empezar, pero es importante no quedarse dormido a las primeras de cambio, porque si no se toman pronto las medidas adecuadas sucederá lo que ha pasado con la industria musical o cinematográfica. Otra discusión sería analizar si esos derechos de autor deberían distribuirse en un porcentaje más equitativo, beneficiando más al propio autor que a la industria que tiene a bien publicar sus trabajos.
En cuanto al Blog del inquisidor hay que decir que es un libro entretenido, bien documentado, correctamente escrito, etc, etc. A muchos nos gustaría escribir con la soltura de Silva y con la manera que planifica la historia que desea contarnos. Otra cosa buena de este libro: una estructura perfectamente armada. Bien, pero sin menospreciar al autor, me ha parecido un libro de entretenimiento, que es al fin y al cabo, ya lo sé, lo que todo libro debe ofrecer como primera condición. Pero es que a mí, si no estoy con "las pilas descargadas", me suelen gustar más las historias con cierta profundidad y con personajes sin estereotipar. Sí, me gustan los libros que me emocionan, que me ofrecen algo especial y diferente. Puede estar tranquilo Lorenzo Silva, porque mi opinión es la de un tipo raro y especial, que como lector suelo decantarme por aquellos escritores que hablan abiertamente de sus miserias, de esas frustraciones que los vuelven locos, y que gracias a sus delirios son capaces de imaginarse mundos tan extraños para gran parte del mundo pero a su vez tan cercanos para ellos. Ellos no escriben para salvar a los demás, no, sólo escriben para salvarse a sí mismos. Y por eso me identifico con esos escritores, que agazapados en la selva, son al fin y al cabo una especie en extinción.
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