
miércoles, 14 de septiembre de 2011
KALAW
lunes, 5 de septiembre de 2011
BAGO Y TAUNGOO
04/08/11
Sabemos que en estos primeros días de viaje tenemos que recorrer largas jornadas montados en el autobús. También sabemos que aunque en el camino visitemos pueblos, pagodas y mercados, nuestro objetivo inicial es llegar hasta el lago Inle. Por lo tanto, pasamos muchas horas en el bus, bien leyendo o dormitando, bien conversando con el resto del grupo (así nos vamos conociendo porque hasta ahora sabemos nuestros nombres y poco más). El viaje discurre de este modo, y Manu, que para eso es nuestro guía, es el que decide las paradas del itinerario. Primera parada: cementerio de soldados ingleses, con sus tumbas perfectamente ordenadas y un jardín cuidado a la perfección por un jardinero birmano pagado por el gobierno inglés. Mejor seguir. Segunda parada: visita a la pagoda del buda reclinado de Shwethalyaung de 60 metros de largo por 20 metros de alto. Por su tamaño, casi es imposible sacarle una foto de cuerpo entero. Nos cobran por la entrada 10 dólares, que también vale para visitar la pagoda de Shwemawdaw en Bago (tercera parada). Hay que pagar por primera vez por utilizar la cámara de fotos. Son sólo 300 kyats, que para nosotros no es mucho dinero, pero empezamos a cansarnos por esa manía que tienen por hacernos pagar por todo. Como hoy me ha dado por hablar de “las pelas”, tengo que reconocer que comer en Birmania es muy barato. Hoy hemos comido los dos el típico curry birmano por 2500 kyats en un restaurante de los denominados no turísticos. Cuarta parada: Taungoo. Nos alojamos en el hotel Mother’s hotel, un hotel a las afueras del pueblo con bonitos bungalows y un buen restaurante. Tras instalarnos en el hotel, visitamos la pagoda del pueblo y su mercado, en donde Manu se compra una fruta llamada durian que desprende un olor a cebolla bastante desagradable. Es muy apreciada en estas tierras, pero he de confesar que una vez probado su fruto tampoco me resulta muy exquisito. Cenamos en el restaurante del hotel. Buena comida, buena cerveza y animada charla que deriva hacia el tema de la malaria. Resulta que mucha gente del grupo no va a tomar las pastillas del malarone, bien por propia decisión, bien porque no se lo han aconsejado en el departamento de salud internacional de su ciudad. Nosotros, que somos muy bien mandados, seguiremos tomando nuestra pastillita diaria de malarone en el desayuno, que nunca se sabe.
miércoles, 31 de agosto de 2011
SHWEDAGON
03/08/11
Lo primero que un turista tiene que hacer antes de pisar la calle es procurarse un buen cambio en moneda local. Nosotros aguardamos pacientemente en el vestíbulo del hotel a que llegue el cambista con su cartera llena de Kyats, la moneda de Birmania. Cambiamos 600 dólares y nos devuelve un gran fajo de billetes que parecen salidos del monopoly, con un olor rancio a billete usado. Eso sí, nuestros dólares los examina detenidamente el cambista porque como estén doblados, o la serie empiece por A o B, o la jeta del presidente de turno tenga un puntito negro, el cambio baja con respecto a los que ellos consideran perfectos. Así de chocante es la vida en Birmania. Salimos del hotel para darnos un paseo por Yangón y a los pocos minutos nos cae nuestra primera tromba de agua. Los que han salido sin paraguas se ven obligados a gastar sus primeros kyats en la compra de un buen paraguas, que en este país, sirve tanto para la lluvia como para protegerse del sol. Visitamos un templo hindú, otro chino, una sinagoga y la céntrica pagoda de Shule. Luego vamos hasta el hotel Strand, uno de esos lujosos hoteles que los ingleses construyeron en sus colonias y que ahora son visita obligada para viajeros mitómanos. Salimos del aire acondicionado del hotel a la cruda realidad birmana, con su humedad cien por cien pegajosa. Necesitamos hacer otra parada inmediatamente. Manu, nuestro guía, nos encamina hasta un restaurante situado al lado del puerto y que destaca por su oferta culinaria. Como somos estómagos agradecidos nos zampamos nuestro primer plato birmano sin rechistar. Todo hay que decirlo, el curry birmano de pollo que me pedí estaba muy rico, y si lo acompañas con salsa picante no te digo nada. Ya a la tarde visitamos la pagoda de Shwedagon, que es la más importante de Birmania en el rancking oficial de pagodas del país. Sin todavía contar con el criterio suficiente para poder comparar, sí que nos sorprende la dimensión y la belleza del entorno, destacando la brillante cúpula central, que está recubierta de oro y pan de oro en toda su superficie y piedras preciosas colgadas en la cúspide de la campana que tintinean al antojo del viento. De repente se nos hace de noche antes de lo esperado porque se avecina una tormenta que oscurece el cielo. Y comienza a llover de forma torrencial. Nos refugiamos de la lluvia dentro de una pequeña pagoda situada enfrente de la gran cúpula dorada. La estampa que contemplamos es distinta gracias a la luz artificial. Parece que todo Shwedagon brilla más, como cuando la campana dorada es iluminada por la luz del atardecer, y según nos cuentan los testigos privilegiados que lo han vivido, el conjunto se embellece aún más si cabe. Saco la foto de este mágico momento para intentar captar la paz que se respira con su contemplación. Ahora comprendo lo de la meditación budista.
martes, 30 de agosto de 2011
YANGÓN
01-02/08/11
Nos espera un largo viaje hasta llegar a Birmania. Volamos de escala en escala, primero hasta Zurich, luego Bangkok y por fin aterrizamos en Yangón después de un día entero de agotador viaje. En el camino ha habido un poco de todo. Lo ya habitual de estos viajes, como la comida en bandejas de los aviones, la estrechez de los asientos que adormece nuestras piernas, el sueño intermitente descabezado a 10.000 metros de altura o las turbulencias que rompen de vez en cuando la monotonía del viaje. También hemos sufrido nuestro primer retraso (¡delayed, delayed, qué horror!). Si ya de por sí resulta cansado la larga escala que debemos hacer en Bangkok (unas cuatro horas), que cada uno soluciona como puede, bien matando el tiempo entre las tiendas del duty free o bien buscando un restaurante de comida local para cenar, en una de esas miradas que dirigimos a los paneles informativos comprobamos que nos han retrasado el vuelo un par de horas. Toca aburrirse un poco más, esta vez sentados en cómodos butacones mientras leemos un monográfico de Birmania en la revista altair. Por fin cogemos nuestro último vuelo, el que nos lleva con nocturnidad y alevosía hasta Yangón. Llueve en Birmania. En la pista de aterrizaje afloran charcos que reflejan el fuselaje del avión. Sin mucha demora, nos trasladan hasta el hotel Yuzana Garden. Es un hotel situado en la parte antigua de la ciudad, de estilo victoriano y con amplísimas habitaciones (más grandes que toda mi casa) y un viejo ascensor que el botones del hotel nos recuerda que cuenta con cien años de servicio. Así es Birmania, en muchos casos es como retroceder cien años en el tiempo, pero aun así todo funciona, aunque sea a un ritmo más pausado, más humano también se podría decir. Me desvelo en mitad de la noche. No sé si es a consecuencia del cambio horario (hay cuatro horas y media de diferencia horaria con españa. ¡Qué antojo lo del pico de la media hora!) o por culpa de una tormenta que arrecia en esos momentos. Serán constantes que se repetirán a lo largo de todo el viaje y que estarán, día sí, día no, en boca de todos nosotros.
viernes, 29 de julio de 2011
YA ESTÁ HECHA LA MALETA

Ya está hecha la maleta. Hoy ha sido mi último día de trabajo y empiezan mis vacaciones de verano. En un post anterior ya había comentado que viajaríamos este verano a Birmania, país del sudeste asiático. Y ya está hecha la maleta con todo lo necesario para este viaje de veinticuatro días (bueno, seguro que algo de ropa me sobrará y espero que no tenga que recurrir al botiquín que hemos preparado entre mi novia y yo). Eso sí, mañana salimos en autobús hacia Madrid, pasaremos dos noches en la "capi" en donde visitaremos la exposición del pintor Antonio López, varias librerías, como por ejemplo la de Los Tipos Infames, y lo que se tercie. Para dormir hemos reservado un hostal en la calle Fuencarral, en la zona de Chueca, con lo que tenemos asegurado el ambiente adecuado para tomarse unas cervezas a la noche. Y el lunes a la tarde, por fin, cogemos el vuelo a Yangón vía Zurich. Un día entero de viaje que se sobrellevará gracias a que estamos ilusionados por conocer este país lleno de pagodas y monjes budistas, de arroz y chubascos tormentosos, y de ríos y lagos en donde fluye la vida de esta humilde gente. Espero que a nosotros también nos reciban con una sonrisa en la boca.
lunes, 18 de julio de 2011
BIRMANIA

Ya falta poco. En pocos días nos enviarán los billetes de avión, compraremos dólares, reservaremos un hostal un par de noches en Madrid, y poco más. El viaje de agosto nos llevará hasta Birmania. Veinticuatro días alejados de la realidad diaria, de los asuntos cotidianos que pesan más de lo deseado. Desde la distancia todos estos asuntos se relativizan y pasan a convertirse en recuerdos que se los lleva el viento. Tiene que ser una gozada vivir un año con este planteamiento de vida. Viajar, por ejemplo a Birmania, regresar con la excusa de deshacer la maleta y poner unas cuantas lavadoras, y volar a otro destino cualquiera. Y así un año entero, o dos, o toda la vida. Viajar como proyecto de vida o como excusa para seguir viviendo sin ataduras. ¿Para qué volver? Porque para tener que enfrentarse a las mismas miserias de la vida, yo creo que es mejor olvidarse hasta de los cimientos de tu propia casa, y escapar, y escapar hasta desconectar tu cuerpo del ritmo laboral. Al fin y al cabo, el motivo por el que viajo no es otro que el de cuidar mi salud mental. Continuará.
domingo, 3 de julio de 2011
NOCILLA EXPERIENCE LA NOVELA GRÁFICA

Sé que a Agustín Fernández Mallo le gusta mucho mezclar en sus obras todo tipo de géneros y que también aparecen en sus libros enlaces y referencias a internet que sirvan de complemento para la lectura. "Nocilla experience, la novela gráfica" cumple ese cometido perfectamente, ya que sin aportar nada nuevo al texto, ofrece un mundo de imágenes que no tiene otro cometido que complementar al libro original. El siguiente paso que Fernández Mallo ya está dando no es otro que editar en un solo libro digital todo lo que en papel debe realizar de una manera fragmentaria, y que gracias al nuevo soporte, puede ofrecerse de una forma más cómoda y accesible. Por eso, la versión animada de Pere Joan me deja un sabor agridulce, como de falta de independencia sobre el texto, como de complemento que pretende vestir pero no viste.
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