jueves, 16 de septiembre de 2010

MERCADO DE KEYAFER



05/08/10


Hoy toca adentrarse un poco más en el sur de Etiopía. Nuestro destino es la población de Jinka, pero antes tenemos que pasar por Konso y luego hacer otra parada en el mercado de Keyafer. El trayecto es largo, como todos los que tenemos que hacer en este viaje, por lo que llegamos al mercado a la tarde cuando la mayoría de las etnias han desmontado sus puestos. El guía local nos informa que en este mercado se concentran las siguientes etnias: Benna, Temay, Konso y Ari. Ya en nuestro paseo por los puestos nos damos cuenta de la vistosidad de los productos que se exponen y de la variedad de los atuendos que distinguen a cada etnia. Algunas mujeres llegan a adornarse la cabeza con tapones de bolígrafo bic, y otras, se embellecen con correas de reloj a modo de colgantes. Eso sí, cuidadito con las fotos, que aquí es un producto más a la venta que se negocia personalmente con el retratado. Nos despedimos del mercado de Keyafer y en un par de horas llegamos a Jinka. El hotel en esta localidad sufre de las mismas carencias que ya empezamos a considerar normales, como los problemas con las cisternas que funcionan cuando quieren, el agua en las duchas que nunca es caliente o la falta de mosquiteras en las habitaciones. Como se nos ha hecho casi de noche, decidimos quedarnos en la terraza del hotel tomando unas cuantas cervezas antes de cenar. Y la noche se alarga un poco, con cánticos que todos entonamos, acompañados de una botella de vodka que sustituye a la ya finalizada de ron.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

LAGO CHAMO Y DORZE



Un buen zumo de mango para desayunar es un buen comienzo para cualquier “esforzado” viajero. Mati nos recoge en nuestro hotel de “lujo”, ya que tanto él como los conductores duermen siempre en uno más económico, para ir en dirección al lago Chamo. Embarcamos con la idea de avistar cocodrilos e hipopótamos y hay que reconocer que los pudimos ver bien de cerca. De vuelta, comimos una injera, plato típico de este país que se come a todas horas. Como hoy es miércoles la injera es vegetal, ya que en Etiopía hay una mayoría de población cristiana copta que guarda cuaresma los miércoles y los viernes. Por la tarde, ascendemos por una pista de tierra hasta Dorze para visitar a esa etnia. Nada más atravesar una empalizada de troncos de bambú entrelazados, podemos observar las casas con forma de elefante característica de esta etnia. Parece ser que hace tiempo vivían elefantes por esta zona. Agradecemos que la visita esté organizada de tal forma que parece que visitamos un museo etnográfico en vivo. Como todo está incluido en el precio que paga nuestro guía, no hay nadie pidiéndonos dinero alrededor nuestro, ni nadie que se moleste si decidimos sacar una foto. En Dorze asistimos a la ceremonia del café, que según nos cuenta Mati, consiste en servir a los invitados hasta tres tazas cada vez más aguachinadas, antes de despacharlos a sus casas. A nosotros, una joven nos tuesta los granos de café, que luego muele para servirnos unas tazas de café humeante recién preparado. En otra parte del poblado, otra señora teje en un telar las vistosas telas que luego venden en un puesto. Y más allá, otra joven nos enseña como aprovechan las hojas del plátano para extraer una masa tipo torta que luego constituye con los vegetales la base de su alimentación. También nos muestra cómo los filamentos de esas hojas se convierten en resistentes cuerdas una vez que son raspadas hasta reducirlas a su mínima expresión. Ya en el viaje de vuelta a Arba Minch volvemos a ver a la misma gente por la carretera, o lo que es lo mismo, mujeres y niños acarreando fardos de leña o todo tipo de bultos que encorvan sus cuerpos por culpa del peso. Y esa labor es el día a día para ellos.

ARBA MINCH VIA SHASHEMENE


03/08/10


Os cuento otra peculiaridad de Etiopía. Suele pasar, que muy de mañana, suene por megafonía y a todo volumen la misa que se celebra en una cercana iglesia. Por experiencia en anteriores países musulmanes creíamos que se trataría de una mezquita, pero no, aunque en este país conviven en aparente armonía la religión musulmana con la cristina copta, el guirigay de cánticos y rezos provenía de una misa cristiana. ¡Qué bonito despertar! Para colmo, nos toca una larga jornada de viaje hasta llegar a Arba Minch, con una parada intermedia para estirar las piernas en Sashemene, ciudad emblemática del movimiento rastafari (ver vídeo para ambientarse). Sentados cómodamente en nuestro todoterreno asistimos al espectáculo callejero que los niños montan a nuestro paso. ¡Todo vale para sacar dinero, caramelos o ropa! Desde los que bailan de forma desaforada para llamar la atención, hasta los que hacen el pino o se suben a unos zancos para ejercer de equilibristas. Así nos entretenemos mientras vamos salvando baches por carreteras que pasan a ser pistas de tierra cuando menos te lo esperas. Una vez instalados en el hotel de Arba Minch, básico como la mayoría de los hoteles en donde nos alojamos, nos damos un paseo por el pueblo. Calle arriba, calle abajo, nos mezclamos con la gente que nos mira con curiosidad, que nos pide dinero (¡one birr, one birr!) y así alguna afortunada mendiga se lleva una buena limosna por la cara de agradecimiento que nos obsequia. Por lo que se ve, todavía no estamos familiarizados con el valor del dinero etíope. Sediento, decidimos tomarnos una cerveza en una terraza cercana al hotel, en donde asistimos en directo al primer apagón del viaje, ya que en este país la red eléctrica es bastante deficitaria.


viernes, 10 de septiembre de 2010

POR EL LAGO LANGANO


02/08/10


Salimos temprano en dirección al Lago Langano. Son 150 kilómetros de carretera transitable pero tan abarrotada de todo tipo de vehículos, animales, carros y personas, que completar todo el trayecto nos lleva tres horas. Una de las peculiaridades de este país es el uso del claxon. Se necesita constantemente para adelantar a otros vehículos aunque sea en un tramo de línea continua, espantar a los animales que transitan en mitad de la carretera, avisar a las personas que cruzan la calle cuando menos te lo esperas, y para esquivar a base de pitidos a los carros cargados hasta arriba y tirados por burros que no saben de normas de tráfico. A mitad de camino hemos parado en un bar frente al lago Debre Zeit para tomar un café. Así lo conocemos. Siguiente parada: a comer nuestra ración de pescado al grill cerca del lago Ziway, en donde contemplamos una gran bandada de marabús junto a otras aves acuáticas. Y ya por la tarde, llegamos hasta los bungalows situados frente al lago Langano en donde vamos a pernoctar esta noche. Son sencillos, con su mosquitera y poco más, pero ya sabíamos a lo que íbamos cuando nos embarcábamos en este viaje por Etiopía. Las aguas del lago Langano son de un color marrón fruto de las lluvias recientes, que se torna rosado al atardecer, justo cuando unos cuantos decidimos darnos un chapuzón en sus aguas antes de cenar. Para dar por finalizado el día montamos nuestro “botellón” particular junto al lago Langano.

jueves, 9 de septiembre de 2010

PRIMEROS DÍAS EN ETIOPÍA


31/07/10


Volamos rumbo a Addis-Abbeba. Tras una noche de copas por Madrid, con amigos de amigos, hemos salido de la “capi” esta mañana con una media hora de retraso. El viaje es largo ya que tenemos que hacer una escala en Estambul antes de llegar a Etiopía. Y como todo viaje en avión, matamos el tedio jugando a comiditas con las bandejitas que nos ofrecen las azafatas, y dormitando junto al resto del pasaje en un continuo duermevela. Tras cuatro horas de vuelo tomamos tierra en Turquía. Vuelta a despertarse, a situarse en el mundo pese a las legañas que cubren nuestros ojos. Menos mal que a esas horas de la madrugada no tenemos que correr ninguna carrera de obstáculos por el aeropuerto de Estambul y podemos realizar el enlace a su debido tiempo. En nuestro avión viaja más gente española, pero todavía no hemos identificado a nuestros futuros compañeros de grupo. Hemos preguntado a unos pocos, pero nos dicen que viajan con otras agencias, con lo que se mantiene el suspense hasta llegar a nuestro destino final. Tras la escala me toca el asiento junto a la ventana. Mientras el avión va descendiendo poco a poco en dirección Addis-Abbeba, puedo ver como el cielo se va iluminando de forma intermitente gracias a los relámpagos que nos anuncian un tiempo tormentoso. Una vez que aterrizamos, los viajeros nos vemos sometidos a las continuas colas que hay que hacer para tramitar el visado, cambiar moneda, etc, etc. Hasta que por fin, y después de “hacerme el loco” en otra cola para que no me revisaran la maleta, llegamos hasta donde nos estaban esperando nuestros compañeros de grupo junto al guía de nuestro viaje. Tras la presentación nos dirigimos en furgoneta hacia el hotel Ghion, para descansar de este fatigoso viaje.


01/08/10


Tomamos el desayuno a las nueve de la mañana. A todos nos sorprende ver la cantidad de personal de que dispone el hotel para servirnos el desayuno. Se nota que la mano de obra es barata en este país. Mati, nuestro guía, nos espera puntualmente en la recepción del hotel para darnos las primeras instrucciones. Nuestra primera ronda de visitas por la capital se inicia en el Museo Nacional de Etiopía. Bueno, antes de visitarlo toca comer, porque ya son más de las doce de la mañana y aprovechamos el restaurante del museo para comer, y comer y comer. Cuando nos disponíamos a entrar al museo sufrimos un ataque por sorpresa de unas hormigas que pusieron a prueba sus mandíbulas mordiéndonos en brazos y piernas. Intentando todavía deshacernos de los bichos, visitamos el museo etnográfico en donde se conserva una réplica de los huesos de “Lucy” y “Selam”, unas parientes muy lejanas de todos nosotros. Ya por la tarde montamos en la furgoneta de la agencia, para subir hasta un mirador a tres mil metros en los extraradios de la capital. Desde esas alturas podemos ver las vistas de Addis-Abbeba enmarcadas en un paisaje verde, como el de Asturias (¡cuántas veces lo repetiremos durante este viaje!). Volvemos a bajar hasta la capital para callejear por sus calles, eso sí, montados cómodamente en furgoneta. Como es domingo no podemos visitar el mercado, que es lo más atractivo de Addis-Abbeba, pero nos podemos hacer una idea de la vida que respira por sus pobladas calles. Una vez cumplidas sus obligaciones, Mati nos cita para la hora de la cena, no sin antes proponernos que demos por nuestra cuenta un paseo por los alrededores del hotel. En los jardines que lo rodean numerosas parejas recién casadas posan para los fotógrafos. Hay bodas cristianas y bodas musulmanas, con sus padrinos y madrinas perfectamente conjuntados. Para nosotros resulta curioso, muy curioso esta mezcolanza de credos en completa armonía celebrando un día de común alegría. Ya por la noche, y de la mano nuevamente de Mati, cenamos en un céntrico restaurante un pescado denominado tilapia procedente de los numerosos lagos que se encuentran en Etiopía. De vuelta al hotel, sesión de chupitos de ron con nuestros compañeros de viaje que sirven para reafirmar nuestra reciente amistad.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

CORRECCIÓN


Había leído anteriormente algunos comentarios sobre el autor de esta novela, Thomas Bernhard, y en todas las reseñas salía bien parado este escritor. Forma parte de aquellos escritores que la crítica literario califica "serios o de culto". Reconozco que leer a Thomas Bernhard no ha sido nada fácil y que en determinados momentos he sentido la necesidad de dejar de leer el libro. El autor tiene un estilo que no busca la complacencia del lector, al contrario, la lectura de esta obra (creo que se puede hablar de la totalidad de su obra de la misma manera) resulta un trabajo dificultoso para el lector. Pero como todo esfuerzo tiene su recompensa, desde el momento que se le coge el tranquillo a su estilo, se descubren verdaderos tesoros que dejan su impronta en el sufrido lector. Se podría decir, que el señor Bernhard vive en un mundo propio que ha modelado a su antojo, le pese a quien le pese, y por tanto, aquellas personas que buscan una lectura fácil y llena de escenas tópicas y mundos trillados, se verán expulsados rápidamente del paraíso de Thomas Bernhard. Pongo unos ejemplos entresacados de las páginas de este libro a modo de resumen: "Venimos a un mundo que se nos da, pero que no ha sido preparado para nosotros, y tenemos que enfrentarnos con ese mundo, si no nos enfrentamos con ese mundo, perecemos". "Un mundo de acuerdo con nuestras ideas, y una y otra y otra vez intentar cambiar ese mundo de acuerdo con nuestras ideas, primero en segundo plano, de forma poco aparente, pero luego con toda la fuerza y de una forma totalmente clara, de modo que, al cabo de cierto tiempo, podamos decir que vivimos en nuestro mundo, no en el que se nos ha dado". "De forma que finalmente, al término de nuestra vida, podamos decir que, por lo menos durante cierto tiempo, hemos vivido en nuestro mundo y no en un mundo que nos dieron nuestros padres".

domingo, 29 de agosto de 2010

ETIOPÍA


Se acaba agosto y con él mis vacaciones de verano. Este año no me puedo quejar porque he podido realizar dos viajes por Africa, a Níger en Semana Santa y a Etiopía en agosto, y en ambos mis expectativas se han cumplido plenamente. En este blog ya tuve la ocasión de escribir un pequeño diario del viaje a Níger, y a partir de ahora, y en cuanto retome de nuevo el hábito de escribir, os contaré la experiencia que he vivido en Etiopía. A modo de anticipo os adjunto una foto de este maravilloso país que como todos los demás países Africanos destaca por la vida que se respira en sus calles. La mirada del viajero queda desbordada ante el continuo tránsito de personas, animales, carros y coches circulando al mismo tiempo por el ancho de la carretera en un "caos controlado", que provoca que te cuestiones todas las leyes de tráfico que rigen a diario en el "primer mundo".