viernes, 24 de septiembre de 2010

AWASA


12/08/10


De Yabelo hasta Awasa hay 350 kilómetros por carretera perfectamente asfaltada. Esta vía de comunicación es la única que sirve de unión entre Etiopía y Kenia. Montados en nuestros vehículos admiramos el paisaje tan verde que se aprecia a ambos lados de la carretera. La pena es que esta vuelta hasta Addis nos está resultando muy pesada por la falta de alicientes a proponer por nuestro guía. Según él, no hay que cansar al turista con etapas excesivamente largas y que es preferible realizar paradas a modo de transición para descansar. No opino lo mismo, y creo que el resto de mis compañeros me darían la razón porque es una lástima malgastar un día entero de tus vacaciones en Etiopía sin hacer nada reseñable. Como ya nos quedan pocos días de estancia en este país, nos estamos desprendiendo de casi toda la ropa que hemos traído en nuestra maleta. Habiendo tanta necesidad siempre hay gente agradecida a la que ayudar, aunque sea modestamente. Después de las habituales paradas para tomar un café y comer, llegamos a Awasa, junto al lago del mismo nombre. Según circulamos por sus calles observamos que es una ciudad más ordenada y moderna que Addis. Una vez instalados en un cómodo hotel nos damos un paseo por el borde del lago. Se encuentra muy concurrido ya que es día de fiesta y el lugar de esparcimiento de los habitantes de esta ciudad. Para finalizar el día nuestro guía nos ha citado para cenar en un restaurante- pizzería de calidad. Vamos, que todo el santo día comiendo.

YABELO


11/08/10


Los acontecimientos que vivimos últimamente nos hacen sentir que a pesar de que este viaje no concluye hasta el catorce de este mes ya estamos dando los últimos pasos. Hoy hemos llegado a Yabelo y lo único que hemos hecho en toda la mañana es instalarnos en el hotel. Y como es la tónica de este viaje, las habitaciones cuenta con una serie de deficiencias que nuestro guía se afana en solucionar nada más que llegamos. Tras una injera vegetal regada de cervezas nos desplazamos sesenta kilómetros para ver cómo sacan agua de un pozo cuatro chavales haciendo una cada humana. Cruzamos miradas de incredulidad porque no esperábamos tal fiasco. Vuelta a la carretera hasta Yabelo parando en un poblado de la etnia Borana, en donde asistimos a otra ceremonia del café distinta a la de la etnia de los Dorze. Mientras una familia nos prepara el café dentro de su choza podemos asistir a un ritual de esta etnia que se remonta a cientos de años de vida nómada. Reconozco que aunque ha resultado breve, ha merecido la pena la visita, ya que nos hemos metido literalmente hasta la cocina de su casa, casi como si fuéramos unos visitantes más de la propia etnia.

Y fin de las actividades de hoy para nuestro guía. Bueno, menos mal que somo personas inquietas y no aceptamos días de transición. Aprovechando que todavía es pronto, nos hemos dado un paseo por la única calle del pueblo, hemos estirado las patas hasta la cima de un montículo para poder admirar las vistas del atardecer en Yabelo, y de paso, hemos saboreado la caña de azúcar que nos ha ofrecido un niño, que ya de noche, vuelve con el ganado que ha estado cuidando en el campo.

jueves, 23 de septiembre de 2010

KONSO


10/08/08


Nuestro viaje continua hasta Konso, en donde habita mayoritariamente la etnia del mismo nombre. Nos instalamos en un curioso hotel, por llamarlo de alguna manera, formado por chozas en vez de habitaciones. Por dentro cuentan con las mismas comodidades de cualquier hotel en los que hemos pernoctado en Etiopía. Y por fuera, estas chozas están rodeadas por un vergel de plantas y pequeñas huertas que realzan el entorno. Por la tarde visitamos un poblado Konso en las faldas de un cercano monte. Esta etnia, según nos comenta nuestro guía, destaca por ser los pioneros en Etiopía en la técnica del cultivo en bancales. Su vestimenta también es peculiar, ya que las mujeres utilizan para vestirse una falda con un vuelo en su parte superior que simula la estructura de sus casas y nos recuerda la forma de vestir de las mujeres del altiplano boliviano. Y hablando de sus casas, el conjunto de chozas, calles y plazas me recuerda a los vestigios de los castros que estamos acostumbrados a ver por nuestra tierra. Cuando ya estamos finalizando nuestro paseo por las estrechas calles del poblado nos cruzamos con un niño de muy corta edad, que animado por su madre y vecinos, nos monta en un instante un espectáculo de calle. Nos partimos de risa contemplando a este pequeño “Joselito” bailar con ese sentimiento que transmiten los artistas consagrados de la farándula.

Inspirados como estábamos, las chicas del grupo deciden montar un “teatrillo de calle” por las calles de Konso con el acostumbrado grupito de niños que nos pisan los talones pidiéndonos birrs y más birrs. En vez de monedas, los niños se llevan a sus casas un buen montón de risas gracias a la participación espontánea en los juegos y canciones que las chicas de nuestro grupo les proponen con las últimas luces del día.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

OMORATE


09/08/10


Hoy es nuestro último día en Turmi y nuestro destino nos lleva hasta Omorate, una población cercana a la frontera con Kenia y pegada al río Omo. Justo cuando llegamos a un puesto de control militar para poder transitar por esta región, nuestro guía nos dice que es necesario que presentemos el pasaporte. Como no nos había avisado con antelación dos personas del grupo no lo llevan consigo, con lo que Mati tiene que pagar un pequeño soborno por su metedura de pata. Ya en Omorate cruzamos el río Omo en unas embarcaciones muy rudimentarias. Son unos troncos vaciados y estrechos no recomendados para personas obesas, ya que hay que viajar sentado debido a su inestabilidad. En la otra orilla nos espera un poblado de la etnia Dassanech que son seminómadas como podemos comprobar enseguida. Las míseras chozas donde viven esta gente están hechas a retales con el fin de posibilitar su traslado lo más cómodamente posible. Desde que estamos en esta región nos ha llamado la atención los objetos con los que se decoran los nativos, pero lo de esta etnia resulta más llamativo si cabe, porque se adornan la cabeza con un montón de chapas de botellas unidas por una cuerda. Volvemos a cruzar el río Omo conducidos percha en mano por “gondoleros” etíopes. Primero, remontan el río por la orilla ayudándose con la percha gracias a que la corriente es menor, para luego dejarse llevar por la misma hasta la otra orilla del río.

De vuelta al camping nuestro guía nos propone una visita al mercado de Turmi por la tarde. Después de comer, con un calor de justicia y abandonados a nuestra suerte por Mati, que aprovecha cualquier ocasión para escabullirse y ponernos en manos de un guía local, recorremos sin ganas el pequeño mercado de Turmi. La visita es corta y la desidia comienza a imponerse en el ambiente del grupo. Regresamos al camping para tomarnos el resto de la tarde libre. Mientras leemos el número especial de la revista Altair sobre Etiopía, uno de los niños que están trabajando en el bar se pone a curiosear las fotos y descubre que en una de ellas aparece un primo suyo. ¡El mundo es un pañuelo!

lunes, 20 de septiembre de 2010

LOS KAROS Y LOS HAMMER


08/08/10


Nos hemos levantado temprano porque tenemos que visitar un lejano poblado de la etnia Karo. El viaje hasta ese recóndito lugar junto al río Omo dura más de dos horas por pistas en bastante mal estado. Me figuro que en la época de lluvias estos caminos se volverán intransitables hasta para los todoterrenos. Cuando llegamos al poblado nos espera una comitiva de recepción bastante llamativa. Un grupo de hombres con sus cuerpos pintados y kalasnikov en mano, posan para nosotros con el fondo de un meandro del río Omo. ¡Coño, si es la misma foto que aparece en la revista altair! Está claro que si queremos sacar una foto con tales modelos habrá que pagar los birr correspondientes. Damos nuestros primeros pasos por las chozas del poblado seguidos, cómo no, por un grupo de niños que nos reclaman una foto, pero eso sí, sin la brusquedad de los Mursis. Hace calor, mucho calor en esta región de Etiopía, con lo que tras la visita a las chozas del poblado buscamos la sombra que nos proporciona el techado de lo que parece ser el lugar de reunión del pueblo.

A la tarde asistimos a una boda de la etnia Hammer con su trandicional “salto de las vacas” por parte del novio. El ritual comienza horas antes, cuando las mujeres que forman parte de la familia del novio son azotadas en la espalda mediante varazos. Desde nuestro punto de vista resulta bastante injustificado, pero el significado de este antiguo ritual no es otro que hacerle ver al novio que son tan fuertes que pueden sobrevivir sin el hombretón de la familia. La ceremonia continua con los bailes y saltos en círculo por parte de las mujeres Hammer, que con sus movimientos hacen sonar los cascabeles que llevan en sus piernas, mientras otras hacen sonar unos cuernos de vaca para dar mayor fuerza simbólica a esta parte del ritual. Y para finalizar, los hombres agrupan a un rebaño de vacas y disponen en fila a diez de las elegidas. Una vez que están bien sujetas las reses sólo falta que el novio, totalmente en “pelotillas”, salte sin caerse seis veces por encima de sus lomos. Si lo logra, hay boda. Al principio, cuando nuestro guía nos propuso si queríamos asistir a una boda que nos costaba 200 birr por persona, pensamos que era una “turistada”. Y sí, no parece que sea casual que justo en agosto haya bodas hammer todos los días, pero también hay que decir que no hay que perderse este ancestral ritual de “sangre, sudor y polvo”.

viernes, 17 de septiembre de 2010

TURMI Y EL MERCADO DE DIMEKA


07/08/10


De bache en bache, iniciamos la marcha hacia Turmi. En esta parte del país se hace imprescindible contar con un todoterreno porque hace ya tiempo que hemos dejado de transitar por carreteras asfaltadas. A mitad de camino paramos en el mercado de Dimeka, en donde los Hammer, que es la etnia mayoritaria de esta zona, mercadean unos con otros. Desde un primer momento nos llama la atención la arcilla que cubre sus cabellos trenzados, la grasa que embadurna sus cuerpos fibrosos, y el polvo del camino flotando en el paisaje y que forma otra capa sobre la piel de los hammer. Toda esa mezcla deja un fuerte olor en el ambiente asociada a la cultura primitiva y ancestral de esta etnia. El sur de Etiopía es una tierra de fuertes contrastes. Como el que se puede vivir comiendo en una fonda de Dimeka junto a unas mujeres Hammer. Nosotros vestimos con la indumentaria típica del “coronel tapioca”, y ellas visten con sus tradicionales pieles de cabra y calzan sandalias fabricadas con neumáticos de coches. Una vez que llegamos a Turmi nos instalamos en uno de los campings con que cuenta esta localidad. Y como hace bastante calor y las tiendas de campaña ya están montadas, nos aposentamos en lo que sería el bar del camping (léase un niño al lado de un arcón frigorífico que funciona mediante un generador) para bebernos las cervezas más “cold, very cold” que nos permite la laboriosidad de esta gente.

jueves, 16 de septiembre de 2010

JINKA Y LOS MURSIS



06/08/10


Hoy está programada una visita a un poblado de la etnia Mursi en el parque nacional de Mago. Atravesamos un paisaje verde, con una pista tortuosa que no me la quiero imaginar con barro en un día lluvioso. En el trayecto podemos ver la pequeña fauna que pulula por la carretera. Desde dick-dicks, pequeños antílopes africanos, hasta gallinas de guinea con sus polluelos picoteando a su vera. Cuando llegamos al poblado los mursis ya están preparados para posar ante nuestras cámaras. ¡Business is business! Transitar por el pequeño poblado se vuelve tarea difícil ante los continuos requerimientos de los mursis para que les saquemos una foto. Al trato son bastante pesados y en ciertas ocasiones sus maneras resultan desagradables. Me figuro que es el peaje que hay que pagar por ser turista en estas tierras. Una anécdota: en uno de esos acosos con que nos somete una mursi, Elena le señala el anillo que lleva puesto, y ella no tarda en ofrecérselo por un birr. Como a Elena no le cabe en su dedo, le señala el otro que lleva puesto. Ni corta, ni perezosa, la señora mursi que lleva el plato labial que les caracteriza y que es sinónimo de belleza para su etnia, se escupe en el dedo porque es incapaz de sacárselo. Ante esa visión para los negocios de la mursi, Elena prefiere el anillo que le ofreció en un primer momento, que total que para que necesita dos.

Después de comer visitamos el mercado de Jinka y su museo etnográfico. Y un poco más tarde estiramos las piernas dándonos un paseo por un poblado de la etnia Ari situado en pleno monte. Durante el recorrido conocemos a un niño que hace las funciones de guía mejor que nadie. A la vez que nos conduce por la senda adecuada, nos impresiona con su inteligencia y simpatía. Vamos, que el niño se ha ganado un libro de gramática inglesa que necesita para sus estudios. Se lo compramos en Jinka, en una típica tienda de pueblo que vende de todo. El emocionado chaval nos quiere llevar hasta su escuela, y cómo no, allí nos dirigimos con todos los niños que se van pegando a nuestra estela. Inmortalizamos el momento con una foto de grupo en la puerta de la escuela. Con Degu, el niño con el que hemos simpatizado tanto, Elena y yo nos despedimos aparte, dándole camisetas, bolígrafos y apuntando su correo electrónico para que podamos mandarle las fotos que nos hemos hecho juntos.